CO2: El séptimo ángel. Parte II: El efecto invernadero

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El  conocido término “efecto invernadero” deriva de asemejar las causas producidas por el cambio climático en el planeta a las que se producen dentro de un invernadero convencional. En ellos el plástico o cristal usado de cubierta para la estructura es el encargado de impedir que los rayos solares que han penetrado se pierdan totalmente; así al no renovarse el aire, este sufrirá un calentamiento paulatino con un consiguiente ascenso de temperatura en el interior del recinto.

Una semejanza conocida por todos sería el interior de un coche, los cristales impiden que el calor se pierda hacia el exterior subiendo la temperatura hasta que no hay más remedio que abrir las ventanillas.

Pues bien, el plástico que envuelve el invernadero sería a escala planetaria los gases de efecto invernadero y estos son principalmente: CO2, CH4, NOx, CFC’s y vapor de agua.

La radiación solar que se retiene en la atmósfera y hace calentar a esta es la infrarroja y la forma en la que estos gases retienen esa radiación es mediante giros y vibraciones moleculares, en el caso del  CO2 esto se explica de forma detallada en la Parte I.

El calor emitido por este tipo de gases se puede medir mediante la fuerza radiativa, esta consiste en la energía que emiten los distintos gases de efecto invernadero conforme a su concentración en la atmósfera.
Con la concentración actual de CO2 atmosférico de 350 ppm, se tiene una fuerza radiativa de 1’85 W/m2.

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