Nivel 13, o vivir en una simulación

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Con una diferencia de meses en sus estreno, Nivel 13 se aproxima a la misma reflexión que hacía Matrix, ¿qué es real?. Aunque sus planteamientos surgían desde vertientes diferentes; tanto en tratamiento, como en recursos usados para tal aspecto ambos films compartían la misma inquietud; ¿podríamos distinguir nuestra realidad si fuera una simulación?

 

 

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En la película que ocupa una máquina fabricada en los 90 permite emular los años 30 e introducirse en ella mediante un avatar, este cual intercambia temporalmente su consciencia con el cuerpo que entra. La persona entrante sabe que es una simulación pero los de dentro no dudan de su mundo y no tienen conocimiento de su verdadera situación.

 

¿Nuestra realidad es una simulación?

A raiz de estas dos películas (y también Dark City) se empezó a plantear de forma racional la misma situación a nuestro universo, a nuestra realidad. Tanto los últimos avances informáticos como científicos hacía plantearse esto a los doctos en la materia. Solo había que comparar la potencia de los ordenadores actuales con los de hace tan solo 20 años para sopesar de forma totalmente plausible si en un futuro lejano estos permitieran realizar tal proeza. Contemplando esto había que saber plantear las preguntas correctas para poder desvelar si nosotros estamos dentro de una simulación de ordenador o en un verdadero universo.

Nuestro universo, aunque parezca inhóspito y contrario a la vida, tiene unas características muy especiales y puntualmente detalladas para que en él pueda poderse desarrollar la vida y más aún, la inteligencia. Prueba de ello es nuestra propia existencia, pero la concreción de las variables necesarias para tener este universo de la forma correcta es increíblemente fina; necesitan de un valor concreto y exacto, el cual variándolo una mínima parte no hubiera permitido la existencia de este universo tal cual lo conocemos.

 

Valores muy concretos

Si después de un segundo de suceder el Big Bang la densidad de la materia generada en él hubiera variado en una parte en mil billones, entonces el universo hubiera colapsado a raiz de la gravedad generada o por contra, se hubiera expandido tan rápidamente que la materia nunca podría haberse unido para formar estrellas, galaxias o planetas.

Pero estos valores tan ajustados no solo se producen a escalas interestelares sino también a escala atómica; si el neutrón tuviera una masa menor en un 1% nunca se hubieran formado átomos. Otro ejemplo sería el Sol, si este tuviera una eficiencia en la fusión superior en un 0’7% el Sol hubiera acabado con todo su combustible mucho antes de aparecer algo parecido a la vida en la Tierra.

Aunque otro punto de vista sin necesidad de utilizar la simulación para esto sería la existencia de infinitos universos ( ver Horizonte final) donde los valores variaran sustancialmente y el nuestro ocupara un lugar preferencial para el desarrollo de la vida tal cual la conocemos.

 

Pruebas de nuestra simulación

Estos valores tan concreto, correctos e indispensablemente poco sujetos a cambios darían una prueba que la realidad ha sido escrita por unos diseñadores que han ido ajustando estos valores para poder sustentar la vida en el universo. Pero estos diseñadores no malgastarían recursos en simular algo de forma uniforme, debemos de encontrar discrepancias en esta uniformidad simulada ,la cual da a sus habitantes la apariencia de continuidad. Al igual que en la película cuando el protagonista se topa con la frontera a la cual nunca es necesario llegar a sus habitantes, por ello nunca la descubren.

Estas discrepancias no pueden ser sino las teorías que hemos desarrollado para describir nuestra realidad; la teoría cuántica describe el mundo subatómico pero es una teoría antinatura donde una partícula puede existir o no, o incluso estar en dos sitios al mismo tiempo. La relatividad es otra teoría que no permite describir la naturaleza e interior de un agujero negro. Incluso la imposibilidad de la unificación de ambas leyes pudieran ser un claro ejemplo de discontinuidad real debido a la economía de la simulación en la que vivimos.

Estas pueden ser consideradas como pruebas de que vivimos en una simulación, aunque también podría tratarse de nuestra incapacidad o limitación para poder definir de forma coherente y uniforme la realidad que nos rodea. Ya sea un universo concretamente creado, existente en un infinito de diferentes universos o uno concreto afortunado para nosotros; estamos vivos y hay que disfrutarlo.

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